Ángel Ortega Brú


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Las emociones, la acción por las  ellas  experimentamos la  esperanza, el amor, la resurrección de la humanidad.

Pero si no perforamos la realidad, su densa oscuridad, no descubrimos ni despertamos a la Luz.

Frente a estas familias y pueblos desplazados, el  miedo, el dinero, el tejido de la mentira quieren hacerlos invisibles, alejarlos de la realidad que vivimos. Perforad… tenemos que perforar la costra mentirosa de la realidad.

Pasamos frente a ellos y volvemos la cara, damos la vuelta y vamos por otro camino  para no verlos, entonces los enviamos de nuevo lejos, tenemos que hacerlos invisibles, olvidados, que no se vean, que no sean noticia, ni se conozcan. Para ello tenemos potentes herramientas de propaganda.

Pero nosotros rompemos con fuerza esa costra densa y oscura.

La política, la ciencia y sus máquinas, la lógica del capital, el beneficio, los imperios con todas sus respuestas, no alivian el sufrimiento del ser humano y su soledad ante el universo.

Al contrario, arruinan  nuestro planeta.

Ante la sangre y la luz de la realidad, este hombre vive sedado, intenta dormir, no mirar demasiado el dolor. Tiene que olvidar.

Se queda en la superficie de la realidad, no la perfora.  Hace invisible a los precarizados, a los débiles, los empobrecidos, los refugiados.

Si el hombre no se enfrenta a lo real, cierra sus sentidos.

Hay en los sentidos un despertar de la conciencia, vemos la luz y saboreamos la sal de la vida.

La  empatía  que  hace  al  hombre  un ser abierto, mueve  hoy  la  acción solidaria  de  millones  de jóvenes.

Para otros ya la vida no vale nada, la muerte de los inocentes. Los niños robados  por mafias sexuales.  Justifica sin justicia,  los  crímenes que le rodean.

Aunque lance la vista y la inteligencia hacia las estrellas y los absolutos  no encuentra dirección en la que avanzar. Corre, va deprisa, huye con miedo, con impotencia, con desasosiego, aunque sabe que huye de la palabra humana.

Corre, va deprisa, huye con miedo, con impotencia, con desasosiego, aunque sabe que huye de la palabra humana.

Una herida  interior le va haciendo sufrir, pero no comprende cuál  es la causa de ese dolor. A veces se dispone a  orar,  sabe  que  lo hace desde  un  mundo absurdo,  ve a  Dios como  un absurdo.

Sigue alienado en la superficie engañosa de la realidad. No reza desde la humanidad concreta, no reza desde la clemencia, el sentimiento inocente de la esperanza.

Nada le ofrece la experiencia de  la  confianza.  Está  profundamente  sólo   y   separado  de  la  realidad.

Sabe únicamente  a medias, que en un futuro existe una posibilidad cierta de que toda la humanidad viva un éxodo planetario.

El hombre es consciente: una guerra económica y comercial encubierta está cambiando todo. El sufrimiento y la pobreza, son crónicas y cada vez alcanza a más hombres, mujeres y niños. Países ricos y pobres.

Mientras tanto los refugiados, los enfermos y discapacitados, pasan a su lado, pero ya no los ve, ha logrado hacerlos invisibles. Esta invisibilidad es la pobreza más absoluta. Sus hermanos refugiados han desaparecido. En  un deterioro climático tan radical,  existe como nunca antes existió, la posibilidad de acelerar una nueva glaciación de nuestro hogar, el planeta tierra.

Una terrible angustia, Frente al absurdo  y el Caos que no  encuentra el alivio. Pero el hombre no está huérfano. Entre el caos y el infinito, la soledad es heladora, terrible. Hubiese bastado un acto sincero de clemencia.

Este es el hombre del siglo XXI.   

Un esfuerzo por perforar  el espesor de la realidad. Hubiese encontrado… la verdad terrible pero también la verdad de la vida de los pobres Liberados, la alegría,  la palabra del profeta de los profetas.

Moisés el primer profeta nos grita: La misericordia infinita,  concreta,  certera de  Dios hacia su pueblo en  éxodo atravesando el desierto entrañablemente comprometido con su liberación.

Quiero un pueblo de hombres libres. (Libro del éxodo).

Estaré con vosotros cada día,  hasta la eternidad. (Apocalípsis 5).

La luz verdadera que ilumina a todo hombre, brilla en la oscuridad… Vino al mundo, vino a su casa, el mundo no la recibió. A los que la recibieron de su plenitud…. Reciben un amor que responde a su amor.

Evangelio de Juan, capítulo 1.

Performance realizada y grabada en video, en la rivera y muelle del Rio Guadalquivir, Alcalá de Río.